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TERROR PARANORMAL

Jeff the killer

Jeff the killer

Seguramente ya habrás visto la imagen de Jeff the killer antes, de hecho, es un archivo muy difundido en la red, pero, después de todo e incluso con su popularidad, todavía hay mucha gente que no conoce la verdadera historia que se esconde detrás.



En plataformas como Youtube y otras redes sociales podrás encontrar cientos de vídeos que explican su “supuesta” historia. Te adelanto que no todo lo que podrás encontrar en internet es 100% real. La información narra la historia de un tipo llamado Jeff, un muchacho que, como muchos otros niños sufría bullyng constantemente en su colegio. Su calvario llegó a ser tan insoportable que terminó perdiendo toda cordura y razón, y mató a todos aquellos que se habían burlado de él. La historia también cuenta que, un día mientras transportaba un enorme contenedor lleno de ácido, tropezó y este mismo se le cayó encima, provocando una terrible deformidad en su cara… y dejándolo con un aspecto horripilante que es el que todos conocemos gracias a su exposición en internet.

Déjame decirte, que todo esto es una gran mentira.

Jeff the killer; Su historia real

A continuación, te contaré la historia de Jeff the killer, esa historia real que nadie había contado antes con tantos detalles en nuestro idioma, el español.

Suceso extraído de un periódico local: Una víctima sobrevive al encuentro con el asesino.

Los vecinos de nuestra tranquila localidad todavía están aterrados, y después de varias semanas de brutales e inexplicables asesinatos, no es para menos. El criminal todavía ronda por nuestra ciudad, y día tras día sus habitantes se sienten más desprotegidos. La policía sigue trabajando incansablemente en el caso, pero pese a sus enormes esfuerzos no se han hallado demasiadas pruebas que puedan ayudar a detener a este terrible monstruo.

Y lo peor todavía estaba por llegar, ya que recientemente hemos podido analizar el testimonio de una joven que afirma haber sobrevivido a uno de los mortales ataques del asesino. Su historia es terrible, pero con mucha valentía, ella ha decidido compartirla con nosotros.

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“Esa noche tuve una horrible pesadilla, y me desperté súbitamente en mitad de la noche.” dice, con bastante esfuerzo la joven: “Hacía frío, ya que la ventana de mi habitación estaba abierta. No entendía porque se había abierto de ese modo, ya que podía recordar a la perfección que la había cerrado antes de ir a dormir.”

Jeff the killer real

“Tuve que levantarme de la cama para cerrarla de nuevo, y después volví corriendo para escurrirme por debajo de las mantas. Pasaron unos cuantos minutos, en los que traté de volverme a dormir, pero no podía hacerlo porque sentía algo raro a mi alrededor. ¿Alguna vez han sentido como si alguien estuviera observándoles? Eso era lo que yo sentía en esos momentos.

Al principio tuve mis dudas, pero después no pude evitar asomar mi rostro por encima de las sabanas y mirar hacia arriba, y dios mío, les juro que casi me caigo de la cama. Allí mismo, en mi habitación, y pese a la oscuridad, pude ver unos ojos que me observaban.

No eran precisamente unos ojos normales; eran oscuros, grandes, bordeados en negro… y sinceramente transmitían una terrible sensación que no sabría describir con palabras. Después de eso pude ubicar su boca… esa terrible sonrisa tan larga y afilada, tan horripilante, que provocó que todo el bello de mi cuerpo se erizase al instante. Estaba totalmente aterrorizada…

Aquella figura extraña que había irrumpido en mi habitación sin ningún tipo de invitación se quedó allí plantada, mirándome fijamente. Fueron sólo unos pocos segundos, pero para mí se convirtieron en horas. Estaba petrificada, sin saber que hacer, sin poder moverme… el miedo se había apoderado de mi cuerpo, y fue entonces cuando lo dijo. Sólo fue una frase, una simple e inofensiva frase, pero dicha de un modo que congelaría la sangre a cualquiera. Era la voz de un loco… de un maníaco, me dijo:

Sigue durmiendo.

En ese momento ya no lo pude evitar más y un grito se escapó de entre mis labios. Automáticamente aquella figura sacó un cuchillo… yo sabía que quería hacerme daño, sabía que su intención era quitarme la vida… y entonces él saltó a por mí, pero yo me defendí.

Durante aquel forcejeo yo le di una patada, pero él me golpeó fuertemente y me sujetó con violencia. Fue en ese mismo instante cuando mi papá entró en la habitación e interrumpió a ese tipo, que automáticamente se abalanzó sobre él con el cuchillo y lo hirió en el hombro.

No sé qué habría pasado si los vecinos no hubieran alertado rápidamente a la policía tras escuchar los ruidos. Quizás mi padre y yo ahora estaríamos muertos… habría acabado fácilmente con nosotros.

Cuando las sirenas de la policía empezaron a acercarse, aquel sujeto salió corriendo por el pasillo de casa. Pude escuchar perfectamente sus pasos, y todo el ruido que estaba provocando mientras huía; golpes, objetos rompiéndose, y el ruido del cristal de una ventana partiéndose en pedazos. Salí corriendo de la habitación e intenté ver algo, cualquier cosa que pudiera ayudar a la policía a seguirle la pista a mi agresor, pero él ya había desaparecido.

Nunca podré olvidar aquel rostro, esos ojos negros y fríos como el hielo y esa sonrisa diabólica… nunca podré sacarlos de mi cabeza.”

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El departamento de policía está buscando a este peligroso criminal. Rogamos a todos nuestros lectores que si, en algún momento localizan a alguien que pueda encajar en la descripción narrada en esta historia, por favor, pónganse en contacto con las autoridades más cercanas.

El origen de Jeff the killer

Después de leer el suceso extraído de la prensa local, ahora ya sabes que es lo que hace Jeff, pero seguramente te están asaltando a la mente algunas preguntas. ¿Por qué hace esto? ¿quién es Jeff the killer? Para poder comprender toda su historia, tendrás que sumergirte un poco más en su terrible pasado.

El origen de Jeff the killer

La familia de Jeff se acababa de mudar a un nuevo y lujoso vecindario. El padre del muchacho había conseguido un importante ascenso en su trabajo, así que ahora podrían permitirse comprar la casa que siempre habían deseado. Jeff y su hermano Liu estaban entusiasmados con aquella idea.

Los jóvenes hermanos estaban descargando todo el equipaje entusiasmados con la idea de vivir en un lugar como aquel… en cierto modo parecía el sitio perfecto para echar raíces y empezar desde cero. De hecho, estaban tan atareados sacando cajas, maletas y otros objetos de valor que ni se dieron cuenta de que sus nuevos vecinos se habían acercado a saludarles.

– Buenos días, – saludó aquella mujer alegremente – Soy Bárbara y vivo justo al otro lado de la calle. Quería presentarme formalmente, ya que supongo que vamos a ser vecinos, este es mi hijo – continuó hablando, mientras se daba la vuelta y llamaba a su hijo. – Billy, estos son nuestros nuevos vecinos, ¡ven a saludarles!

El muchacho parecía ser algo tímido; únicamente dijo un “hola” en voz baja y acto seguido salió corriendo hacia su patio para seguir jugando a solas. La madre de Jeff por su parte había visto la escena desde unos metros más allá y se había acercado para presentarse también.

– Encantada de conocerte, Bárbara, yo me llamo Margaret y este es mi marido Peter, y mis dos hijos Jeff y Liu. – La mujer miró a sus hijos y a su esposo y estos rápidamente se presentaron también, obedeciéndola casi instantáneamente.

Bárbara parecía ser una mujer amable y una buena vecina ya que, después de intercambiar unas pocas palabras con ellos decidió invitar a la familia de Jeff al cumpleaños de su hijo. Jeff y su hermano intentaron protestar, ya que lo último que querían era acudir a un aburrido cumpleaños repleto de desconocidos, pero su madre se adelantó y le dijo a Bárbara que les encantaría acudir a la celebración. Cuando la nueva vecina se fue por fin, Jeff le preguntó algo a su madre.

– oye, Mamá… ¿Por qué has aceptado esa invitación? es una fiesta para críos, y yo ya no soy un niño pequeño.

– vamos Jeff… – dijo su madre con un tono bastante tranquilo. – Acabamos de mudarnos a este vecindario, y deberíamos demostrar a nuestros vecinos que podemos ser una familia en la que puedan confiar. – la mujer hizo una pausa al ver que el muchacho no estaba muy de acuerdo con todo eso y luego continuó, esta vez de un modo algo más tajante. – tenemos que pasar algo de tiempo con los vecinos, así que iremos a esa fiesta, está decidido.

Jeff intentó protestar, pero prefirió no malgastar fuerzas ya que sabía que con su madre era imposible discutir. Siempre que ella decía alguna cosa o tomaba alguna decisión, esta terminaba siendo la única opción para elegir. El muchacho resopló algo molesto y se fue a la que sería su nueva habitación, dejándose caer pesadamente sobre su nueva cama. Jeff volteó quedando boca arriba y se quedó absorto por unos minutos observando el techo, sin pensar absolutamente en nada. Fue entonces cuando notó una extraña sensación. No era como si le doliera algo, pero… era una sensación muy extraña. El muchacho decidió ignorarlo por completo y restarle importancia.



El primer día de Jeff en la escuela

A la mañana siguiente Jeff se despertó, se preparó para ir a la escuela y después bajó por las escaleras en dirección a la cocina, donde el desayuno ya estaba listo. Mientras comía sus cereales, él volvió a sentir una vez más esa sensación tan extraña. En esta ocasión había sido más fuerte, y pudo sentir dolor, como un leve tirón, pero de nuevo no dijo nada y lo ignoró por completo.

Jeff y su hermano Liu terminaron el desayuno y se dirigieron hasta la parada de autobús más cercana. Estuvieron esperando por unos minutos, y de golpe, un muchacho que iba montado en patinete se abalanzó sobre ellos, pasando a tan solo unos centímetros de sus rodillas. Los dos hermanos saltaron de la sorpresa y dijeron casi al mismo tiempo un “¡Hey, ¿qué diablos haces?!”.

Aquel muchacho perdió el control y se cayó de bruces al suelo, y acto seguido volteo hacia los dos hermanos. Jeff pudo darse cuenta de que ese niño no tendría más de 12 años. Vestía con unos pantalones vaqueros azules que estaban algo rasgados, y con una camisa de Aeropostal.

– oh, genial, parece que tenemos carne nueva en el vecindario. – dijo aquel niño a la par que aparecían otros dos chicos más. Uno de ellos era extremadamente delgado mientras que el otro era enorme. – Bueno, como sois nuevos, deberíamos presentarnos. El de ahí es Keith y el otro es Troy. – sentenció mientras señalaba con la cabeza a ambos chicos.

– y yo, yo soy Randy. Ahora que ya nos conocemos, deberíais saber que aquí todos los niños tienen que pagar un pequeño precio por el billete del bus, no sé si me he explicado bien. – Dijo aquello con una pequeña sonrisita, aunque ciertamente lo había hecho de un modo que podría helar la sangre a cualquiera.

Liu se puso en pie de forma automática, totalmente preparado para golpear a aquellos tipos si era necesario, pero entonces pudo darse cuenta de que uno de ellos había sacado una navaja del bolsillo, y se estaba acercando a él y a su hermano.

– Creía que ibais a ser más cooperativos, pero parece que tendremos que hacerlo por las malas. – aquel niño del patinete y los pantalones rasgados se acercó a Liu y le cogió su billetera del bolsillo aprovechando que ahora el niño se había quedado quieto ante la visión de aquella navaja.

Jeff estaba allí, siendo testigo de toda la situación, pero entonces volvió a tener esa sensación de nuevo, y esta vez había sido increíblemente fuerte. Era una terrible sensación de ardor que no le permitía pensar. Él se puso en pie, ignorando los gestos que estaba haciéndole su hermano para que se quedase sentado, y se acercó a los tres matones.

– escúchame bien, pequeño punk de pacotilla. Devuelve esa billetera a mi hermano o…

Al escuchar esto último y ver como el segundo de los hermanos se dirigía hacia ellos, Randy guardó la billetera en su bolsillo y sacó otra navaja.

– Ah, ¿sí? ¿Y qué harás? – Preguntó aquel matón con una voz chulesca mientras acercaba aquella navaja al rostro de Jeff. Estaba tan confiado y aquella táctica le había funcionado bien tantas veces con los otros niños del barrio que no se esperó para nada lo que iba a ocurrir.

Jeff se movió rápidamente y agarró al chico por la muñeca, apretándosela y torciéndola tan fuerte que se la rompió. Randy dejó caer la navaja al suelo y soltó un terrible grito de dolor mientras se

llevaba su otra mano libre a la muñeca. Jeff por su parte se agachó rápidamente y cogió la navaja, provocando que los otros dos chicos se asustasen ante aquella situación tan inesperada e intentasen salir corriendo de allí.

Pero Jeff no pensaba terminar aquello así; cuando los vio correr, el chico apartó bruscamente a Randy haciendo que este terminase en el suelo y arremetió rápidamente contra Keith, clavándole la navaja en un brazo y haciendo que dejase caer su propia navaja. El segundo matón no pudo evitar gritar y llorar de dolor.

Ahora solo quedaba aquel muchacho gordo llamado Troy, que había intentado huir sin mucho existo, ya que Jeff logró alcanzarlo sin muchos esfuerzos. De hecho, él no necesitaba ni la navaja. Jeff se abalanzó contra Troy y comenzó a darle puñetazos en el estómago con toda su fuerza. La paliza fue tan brutal, que el chico gordo terminó vomitando todo lo que había comido aquella mañana.

Liu no pudo hacer nada más que mirar atónito a su hermano.

– Jeff, ¿cómo has hecho eso? – el muchacho no pudo decir nada más, ya que no lograba salir de su asombro. Además, pudo darse cuenta de que el autobús ya llegaba, y si no hacían algo rápido los culparían a ellos por todo aquel terrible asunto. Liu decidió agarrar a su hermano del brazo y salir corriendo de allí todo lo rápido que les permitieron sus piernas.

Mientras huían, Jeff pudo voltear y ver como el conductor del autobús corría alarmado hacia Randy y los otros dos.

Cuando los dos hermanos llegaron al colegio no se atrevieron a contar lo que pasó… todo lo que pudieron hacer fue sentarse y escuchar la lección en total silencio. Liu pensó que su hermano simplemente había golpeado a unos cuantos chicos que se lo habían buscado, pero el propio Jeff sabía que había algo más… era algo aterrador, una sensación abrumadora que le hacía sentirse superior, y que esa misma sensación le provocaba la necesidad de hacer daño a alguien. No le agradaba nada aceptarlo, pero se sentía feliz.

Después de aquello, la extraña sensación desapareció, y se mantuvo alejada del muchacho durante todo aquel extraño día. Cuando llegaron a casa los padres de Jeff y Liu preguntaron a los muchachos como les había ido su primer día en el colegio, a lo que Jeff contestó con una voz algo inexpresiva: “ha sido un día estupendo”.

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Al día siguiente Jeff despertó al escuchar como llamaban a la puerta de casa. Bajó las escaleras en silencio, aunque tuvo que detenerse un momento al ver a dos policías en la puerta, hablando con su madre. Esta cuando vio al muchacho lo miró enfadada, mucho más que otras veces.

– Jeff, estos policías dicen que ayer por la mañana atacaste a tres niños, y que no fue precisamente una pelea normal. Ellos dicen que los has apuñalado.

El muchacho no pudo hacer otra cosa más que mirar hacia abajo. Su madre conocía bien aquella expresión, y supo casi al instante que todo lo que decía la policía era verdad. Pero entonces Jeff contestó a su madre antes de que ella pudiera replicar.

– Mamá, fueron ellos los que nos atacaron a Liu y a mí.

– Muchacho – dijo uno de los dos policías. – encontramos a los tres muchachos en muy mal estado. Dos de ellos han sido apuñalados y al tercero le dieron una brutal paliza. Tenemos varios testigos que afirman haberos visto huyendo de la escena.

Jeff sabía que intentar explicar la situación iba a ser inútil. Siempre podrían decir la verdad, que Liu y él habían sido atacados en primer lugar, pero no había ninguna prueba a su favor, ni podía demostrar que, en efecto ellos no habían comenzado aquella pelea. Además, tampoco podía explicar el motivo por el cual habían terminado saliendo de allí corriendo… Jeff escuchó como su madre llamaba a Liu para que bajase, y eso le preocupó, ya que no quería meter en problemas a su hermano.

– Agente, fui yo. – susurró Jeff mientras volvía a agachar la cabeza. – yo ataqué a los niños, y mi hermano trató de detenerme, pero no lo consiguió.

Ambos policías se miraron con cara de incrédulos, ya que no podían entender cómo un niño de esa edad había podido hacer algo así él solo.

– Bueno, chico, debes saber que esto es grave y que tendrá consecuencias. – sentenció uno de los policías.

– ¡Esperad! – gritó Liu al tiempo que bajaba agitadamente las escaleras. El muchacho parecía desesperado y llevaba una navaja en las manos. Los policías, al ver esto se alarmaron muchísimo y desenfundaron las armas, apuntando al pequeño muchacho.

– Un segundo, por favor, no disparéis… Jeff es inocente. Esos tipos nos golpearon y querían robarnos… yo perdí el control y me enojé. – susurró el muchacho, que parecía estar a punto de echarse a llorar.

– Hijo, tan solo deja el cuchillo a un lado, por favor. – Dijo el policía, intentando que el muchacho se tranquilizase. Liu levantó suavemente la navaja y la dejó caer al suelo. Luego de eso, se acercó a los oficiales

– No, ¡eso no es cierto! ¡fui yo quien atacó a esos tipos! – exclamó Jeff mientras unas visibles lágrimas empezaban a correr por todo su rostro. Jeff se desesperó con la situación, pero sobre todo cuando pudo ver cómo su hermano negaba con la cabeza, diciendo a los policías que su pobre hermano solo trataba de ayudarle.

Los policías por su parte se llevaron a Liu a comisaría.

– Jeff, por favor, no tienes por qué seguir mintiendo… sabemos que fue tu hermano Liu el que atacó a esos chicos, así que puedes darte por vencido. – Jeff observó con un sentimiento desbordado de impotencia como la patrulla de la policía se llevaba a su hermano. Unos cuantos minutos después, el padre de ambos chicos observó a Jeff, y pudo darse cuenta casi al instante de que algo no andaba bien con él.

– Hijo, ¿Qué es lo que ha pasado? – preguntó calmadamente, pero su hijo era incapaz de responder, el llanto se lo impedía. Por otra parte, la madre de Jeff agarró a su marido del brazo y lo arrastró suavemente al interior de la casa con la intención de explicarle todo lo que acababa de pasar. Una hora después, Jeff volvió a entrar en casa, esta vez más tranquilo, aunque sus padres se veían muy tristes y decepcionados con la situación.

Jeff era totalmente incapaz de mirarlos a la cara, así que se dirigió a su habitación a dormir, intentando olvidar todo lo que acababa de pasar. Los días pasaron y no hubo noticia alguna de Liu. Jeff se sentía muy solo, sin amigos, sin su hermano, sin nadie con quien pasar el rato… solo tenía tristeza y culpabilidad.

Eso fue hasta el siguiente sábado, cuando el muchacho despertó y pudo ver la cara de felicidad de su madre.

La fiesta de cumpleaños del vecino de Jeff

– ¡Jeff! hoy es el día – dijo visiblemente emocionadas mientras abría las cortinas de la habitación tratando de despertar a Jeff.

– ¿Qué pasa? ¿qué día es hoy? – preguntó el pequeño muchacho mientras se frotaba los ojos, todavía presa del sueño que tenía.

– Hoy es el cumpleaños de Billy. – respondió ella con seguridad, provocando que Jeff se despertase casi al instante.

– Mamá, esto debe de ser una broma… ¿no? – se llevó una mano al rostro y suspiró pesadamente. – ¿Como puedes esperar que vaya a una fiesta después de…?

Hubo un enorme silencio durante los siguientes segundos.

– Jeff, tu más que nadie debes saber lo que pasó ese día. Creo que una fiesta como esta podría ser lo que nos devuelva la ilusión. Ahora, vístete. – La madre de Jeff intentó no mirar a los ojos a su hijo y salió de la habitación a toda prisa, puesto que no quería que llegasen tarde.

Jeff hace un gran esfuerzo por levantarse de la cama, pero realmente no tiene ánimos para hacer nada. Elige la primera vestimenta que encuentra por ahí y baja pesadamente las escaleras hasta el primer piso.

Él puede observar cómo su padre y su madre se han vestido de manera muy formal, y sin poder evitarlo piensa que son estúpidos por ponerse algo así para la fiesta de cumpleaños de un niño pequeño.

– Jeff, ¿de verdad vas a ponerte eso? Anda, vuelve arriba y cámbiate de ropa. – sentenció la madre de Jeff algo molesta mientras intentaba no gritar a su hijo. La verdad era que estaba algo nerviosa desde hacía unos días, así que intentó no pagarlo con Jeff y sólo forzó una pequeña sonrisa.

– Hijo, a la fiesta de hoy debes ir bien vestido. Supongo que querrás causar una buena impresión a nuestros vecinos. – Dijo su padre, aunque eso a Jeff no le convenció demasiado.

– Pero yo no tengo ropa elegante. – dijo en voz alta mientras volvía a subir por las escaleras.

– Sólo elige algo mejor.  – finalizó su madre.

Jeff mira a su alrededor con la esperanza de encontrar algo que sea del agrado de sus padres, y cae en la cuenta de que en su armario debería de haber varios pantalones de vestir de esos que solo te pones en las ocasiones más especiales. Jeff se puso uno de aquellos pantalones, pero no logró encontrar ninguna camisa que fuera acorde a su nueva vestimenta. Siguió buscando por la habitación, pero lo mejor que pudo encontrar fue una horrible camisa a rayas y con estampados. No pegaba muy bien con los pantalones, así que prefirió pasar de la camisa y ponerse una sudadera con capucha blanca que había por allí tirada. Después de eso, bajó por las escaleras otra vez y les dijo a sus padres que ya estaba preparado.

– ¿Eso es lo que vas a llevar puesto? – le preguntó su madre mientras observaba su reloj. – oh, diantres… no hay más tiempo para cambiarse de ropa, vayámonos de una vez.

La familia cruzó la calle en dirección a la casa de Billy y Barbara.

Tocaron a la puerta y fue Barbara la que les invitó a pasar, aunque pudieron darse cuenta casi al instante de que allí dentro sólo había adultos y ningún niño a la vista.

– Los muchachos están jugando en el patio, Jeff. ¿Qué te parecería ir a conocer a algunos de los vecinos? – comentó Barbara con una sonrisa.

Jeff caminó silenciosamente hasta el patio, donde había un montón de niños. Estaban correteando por allí, todos ataviados con ridículos trajes y vestidos, y al parecer no paraban de dispararse con unas pistolas de plástico.

Jeff por su parte sólo se quedó ahí plantado observando la situación hasta que uno de los chicos se acercó hasta él y le entregó una de las pistolas de juguete, y también un sombrero.

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– Hey, ¿juegas?

– Ah… creo que pasaré. Estos juegos son para niños.

El otro pequeño observó a Jeff con una carita de pena y volvió a intentarlo.

– Porfa… – insistió.

– Está bien.

Jeff se colocó el sombrero y empezó a jugar con la pistola, fingiendo que disparaba a todos aquellos niños. Al principio pensó que todo aquello era bastante ridículo y vergonzoso para un niño de su edad, pero luego empezó a divertirse. Puede que todo aquello no fuera algo super genial o adulto, pero en muchos días nada había podido hacer que el asunto de Liu desapareciera de su cabeza… solo aquel estúpido juego de niños.

Estuvo así por un largo rato, jugando con todos los niños de aquel cumpleaños, pero entonces escuchó un ruido que provenía de la calle. Era un extraño sonido como de ruedas, y luego un golpe seco. Cuando pudo reaccionar, vio a Randy, Keith y Troy, que estaban saltando la valla y habían dejado sus patinetes a un lado con la intención de llegar hasta donde estaba él.

Jeff dejó caer el arma de juguete rápidamente y se quitó el sombrero. Pudo darse cuenta de que esos chicos lo estaban observando con mucho odio.

– Vaya vaya, pero si es Jeff. Tenemos algunos asuntos pendientes contigo. – dijo Randy.

Jeff pudo observar la nariz magullada de Randy, recordando que había sido él el causante de todo aquello.

– Creo que no tenemos ningún asunto pendiente… después de todo yo gané la pelea ¡sois unas mierdas! – respondió Jeff.

– Eso es lo que tú te crees, chaval… no hay modo alguno de que alguien como tu me gane. Así que lo que haré será patear tu culo ahora.

Randy se lanzó a por Jeff, y ambos cayeron de bruces al suelo. El matón golpeó a Jeff en su nariz, y Jeff por su parte lo agarró de las orejas y le dio varios cabezazos. Después empujó a Randy para apartarlo de él y ambos volvieron a incorporarse.

Por su parte, los pobres niños gritaban desesperados al ver la situación, y algunos de ellos corrieron a dentro para buscar a los adultos que estaban en la casa.

Al ver esto, Troy y Keith sacaron dos pistolas y apuntaron a todos los niños.

– Será mejor que nadie nos interrumpa, ¿queda claro?

Randy no esperó ni un segundo y, sacando un cuchillo del bolsillo de su pantalón, acuchilló a Jeff en el hombro, provocando que este gritase de dolor.

El pobre muchacho cayó de rodillas al suelo, y esto fue aprovechado por Randy, que empezó a darle fuertes patadas en la cara.

Pero Randy sólo pudo dar tres patadas, ya que cuando intentó la cuarta Jeff lo agarró del pie y lo torció, provocando que este se cayera al suelo.

Jeff aprovechó ese momento para intentar huir por la puerta de atrás del jardín, pero Troy lo agarró rápidamente.

– ¿Necesitas ayuda, Randy? – preguntó Troy de manera chulesca mientras sujetaba a Jeff.

Por su parte Randy volvió a agarrar a Jeff por el cuello y empezó a darle patadas y golpes otra vez mientras repetía lo mismo una y otra vez: “vamos Jeff, pelea conmigo”.

En este punto, Jeff estaba empezando a toser sangre.

Randy se separó por un momento del muchacho y se acercó hasta una pequeña mesa que había en el jardín, donde los adultos habían dejado unas cuantas botellas de licor. Randy agarró una de estas botellas y se la rompió a Jeff en la cabeza.

– Vamos, Jeff ¡PELEA! – gritó Randy, visiblemente fuera de sus cabales mientras arrastraba a Jeff por el jardín.

– Vamos, Jeff ¡MIRAME!

Jeff levantó la vista a duras penas, con su rostro totalmente ensangrentado. Ya casi ni podía ver lo que tenía delante.

– Fui yo quien envió a tu hermano estúpido a la cárcel, y ahora también voy a destrozarte.

Ese último comentario pareció hacer que Jeff reaccionase en cierta medida, ya que el muchacho empezó a levantarse.

– Oh, vaya, por fin parece que vayas a hacer algo. ¡Vamos, ven aquí! – exclamó Randy mientras corría de nuevo hacía Jeff.

En ese preciso momento, algo sucedió en el interior de Jeff.

Su mente se vació en cuestión de segundos. Ya no había pensamientos racionales, ni había control, todo eso se había esfumado, y en lo único que podía pensar era en matar.

Jeff agarró a Randy y lo tiró al suelo fácilmente. Luego se puso sobre él y empezó a golpearle muy fuerte en el pecho. Tan fuerte, que finalmente su corazón empezó a pararse.

Randy jadeaba, buscando aire, intentando no entrar en shock, pero era imposible. Jeff mientras tanto agarró una enorme piedra que había cerca de ellos y, con ambas manos empezó a golpear a

Randy en la cabeza. La sangre brotaba y salpicaba sin parar, y finalmente Randy murió allí mismo.

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Todo el mundo estaba mirando a Jeff ahora. Los niños, los padres, incluso Troy y Keith. Nadie se creía lo que acababa de pasar, pero eso no pudo impedir que estos últimos dos apuntasen al chico con sus pistolas.

Al ver la situación, los padres intentaron proteger a los niños, y se armó mucho alboroto. Jeff pudo aprovechar la situación para salir corriendo hacia la casa, pero pudo escuchar varios sonidos de disparos.

Jeff subió por las escaleras de aquella casa hasta el primer piso, y se escondió en el cuarto de baño. Mientras subía, pudo escuchar como los otros dos le estaban persiguiendo… antes habían fallado aquellos disparos, pero ahora ya no tendría tanta suerte.

El muchacho observó a su alrededor, y sin pensarlo más tiempo agarró un estante que estaba lleno de toallas. Lo arrancó de la pared con toda la intención de defenderse con él.
Fue en ese momento cuando Troy y Keith entraron al baño, armados con pistolas y cuchillos. Troy fue el primero en reaccionar e intentó apuñalar a Jeff, pero este pudo esquivarlo y lo golpeó fuertemente en la cabeza con el estante.

En efecto, Troy había caído al suelo, y parecía que no se movía. Ahora solo quedaba Keith.

Keith siempre había sido el más ágil de los tres, y aunque pudo esquivar varios golpes de Jeff, al final dejó caer su pistola por error, quedándose desarmado.

Pero eso no le impidió agarrar a Jeff por el cuello y empujarlo contra la pared. Aquel forcejeo provocó que un recipiente con lejía que había en uno de los estantes superiores del baño cayese sobre ambos chicos, quemándose en el acto.

Los dos empezaron a gritar de dolor, y Jeff intentó secarse los ojos todo lo mejor que pudo.

Tomó nuevamente el estante con el que segundos antes había golpeado a Troy y esta vez golpeó a Keith en la cabeza.

Mientras yacía allí, desangrándose lentamente, a Keith se le escapó una sonrisa horriblemente siniestra.

– ¿Qué es tan gracioso? – preguntó Jeff.

Keith sacó un mechero de su bolsillo y lo encendió.

– Lo que es gracioso… – susurró con las pocas fuerzas que le quedaban. – es que tu estás totalmente empapado de lejía.

Keith dejó caer el mechero sobre Jeff.

Tan pronto como la llama entró en contacto con su piel, el fuego prendió y se extendió por todo su cuerpo por culpa de la lejía y el alcohol de la botella que le habían estampado momentos antes en el jardín.

Mientras se quemaba, la lejía le blanqueó la piel.

Jeff empezó a gritar desesperado, tratando de apagar el fuego, pero nada de lo que hizo sirvió. Aquello se había convertido en el peor de todos los infiernos. Corrió por la casa y cayó rodando por las escaleras, lo que provocó que todos los presentes se asustasen y empezasen a gritar.

Él estaba envuelto en llamas, casi muerto.

Lo último que pudo alcanzar a ver fue a su madre y a los demás adultos tratando de apagar todo aquel fuego, pero después de eso se desmayó.

Cuando Jeff recuperó la consciencia tenía un enorme yeso envuelto alrededor de su cara. No era capaz de ver nada, pero sintió que tenía yeso en otras partes de su cuerpo. Intentó incorporarse, pero le fue totalmente imposible porque tenía puesto una especie de tubo en el brazo.

Lo intentó de nuevo, necesitaba levantarse y tratar de ver que era lo que estaba ocurriendo, pero al final terminó cayendo de bruces al suelo. Por suerte había una enfermera cerca que pudo ayudarlo a levantarse.

– No es recomendable que te levantes de la cama todavía – dijo preocupada la enfermera al mismo tiempo que acostaba al muchacho de nuevo en su cama, insertando de nuevo aquel molesto tubo.

Jeff se quedó quieto, sin poder ver nada y sin tener ni la mas remota idea de lo que estaba pasando, aunque finalmente y después de esperar unas horas pudo escuchar la voz de su madre.

– Cielo, ¿estás despierto? ¿Cómo te encuentras? – susurró su madre, aunque Jeff no podía contestar.

– Jeff, tengo una buena noticia. Después de todo lo que ocurrió en la fiesta y gracias a los testigos, han podido soltar a Liu.

Esto hizo que Jeff se emocionase hasta el punto de que casi vuelve a saltar de la cama, pero recordó que hacer eso no sería la mejor de todas las ideas.

– Él va a venir mañana a verte y los dos podréis estar juntos otra vez.

Su madre lo abrazó y se despidió.

Durante las siguientes semanas la familia de Jeff lo visitó constantemente, hasta que llegó por fin el momento en el cual le retirarían todas las vendas del rostro y del cuerpo.

Evidentemente, sus padres y su hermano estaban allí para verlo, y esperaron pacientemente hasta que el último vendaje fue retirado.

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– Vamos a ponernos en lo mejor, ¿de acuerdo? – dijo el médico mientras retiraba la ultima venda, que era la que tenía en el rostro.

La madre de Jeff pegó un escandaloso grito de pánico al ver el rostro de su hijo. El muchacho pudo ver claramente la expresión de terror de su padre y su hermano.

– ¿Qué? ¿qué está pasando? ¿Qué le ha ocurrido a mi cara? – preguntó visible nervioso Jeff. No pudo evitar levantarse de la cama y salir corriendo hacia el baño.

Se miró al espejo y vio a la responsable de todo aquello. Su rostro… su aspecto… era horrible.

Sus labios se habían quemado, y ahora se asemejaban a una sombra o cicatriz asquerosa que era de color rojo. Su piel era blanca como la nieve, y su cabello estaba chamuscado.

Pasó lentamente su mano por encima de su rostro y sintió que el tacto era mas bien parecido al del cuero.

Observó de reojo a su familia y luego volvió a mirarse en el espejo…

– Jeff… no está tan mal como crees… – dijo Liu, aunque no parecía muy convencido de ello.

– ¿No es tan malo? – preguntó Jeff. – ¡Es totalmente perfecto!

La familia de Jeff se quedó pasmada en esos momentos.

Jeff comenzó a reírse sin parar, como si estuviera totalmente fuera de sí. Podía apreciarse perfectamente como sus brazos y sus manos temblaban.

– Jeff… ¿estás bien?

– ¿Qué si estoy bien? ¡Nunca me había sentido mejor! Jajajaja ¡JAJAJA! Mírame, esta cara me queda perfecta.

Jeff no podía parar de reírse al mismo tiempo que acariciaba su rostro y se miraba obsesivamente en el espejo.

Definitivamente algo había cambiado en la cabeza de Jeff desde su ultima pelea con aquellos matones, y ya no era el mismo Jeff de antes. Su cordura había desaparecido, y solo quedaban las ganas de matar… matar sin parar. Aunque por desgracia sus padres no eran conscientes de ello.

– Doctor – dijo la madre de Jeff. – ¿Seguro que está bien? Bueno… parece que hay algo raro en su cabeza… ya sabe.

– Oh, entiendo lo que quiere decir, y debo aclarar que este comportamiento es habitual en pacientes con una situación tan compleja como la de su hijo. Además, le hemos administrado muchos calmantes y es normal que se comporte de manera extraña. – aclaró el médico mientras observaba a Jeff y realizaba algunas anotaciones en su libreta.

– Entiendo…

– Si su comportamiento no mejora en unas semanas, le realizaremos un examen psicológico completo.

– Oh, muchísimas gracias doctor. – finalizó el padre de Jeff.

– Jeff, hijo, es hora de irse a casa.

Jeff ha estado mirándose al espejo todo el tiempo mientras sus padres hablaban con el médico, y todavía mantiene la misma sonrisa desencajada en el rostro.

– Esto es genial, Mamá… jajajajajaja jaja – susurró finalmente mientras su madre lo agarraba del hombro y se lo llevaba de allí.

La familia recogió la ropa y las pertenencias de Jeff, sin ser conscientes de que ese día, que en principio prometía ser feliz, sería el ultimo que pasarían con vida.



Esa noche, la madre de Jeff se despertó sobresaltada. Había escuchado un ruido que provenía del cuarto de baño. No podía afirmarlo con total seguridad, pero parecía que alguien estaba llorando. Se levantó de la cama y caminó lentamente hasta llegar allí, con toda la intención de ver qué estaba pasando.

Cuando ella se asomó por la puerta del baño, observó un espectáculo horrible y dantesco: Jeff había cogido un cuchillo de la cocina y se había dibujado una sonrisa en las mejillas.

– ¡Por dios, Jeff! ¡¿Qué has hecho?! – preguntó ella, visiblemente asustada.

Jeff observó a su madre fijamente.

– No podía seguir sonriendo, mamá. Me dolía de tanto reírme y ahora estoy mejor porque ya puedo sonreír para siempre.

La madre de Jeff se fijó en sus ojos. Había algo muy extraño en ellos… era como si estuvieran rodeados de un color negro puro.

– ¡Jeff! ¡Tus ojos…! – se dio cuenta de que no tenía parpados… no se podían cerrar.

– No era capaz de ver mi cara porque tenía sueño y mis ojos se estaban cerrando, así que me quemé los parpados. Ahora siempre seré capaz de ver mi nueva cara.

La madre de Jeff empezó a asustarse… había algo en su hijo que la estaba aterrorizando desde hacía ya un tiempo, y sin darse cuenta empezó a retroceder. Era evidente que su hijo se estaba volviendo loco.

– ¿Qué te pasa, mamá? ¿Ahora ya no soy precioso?

– Si que lo eres… eres hermoso. Deja que vaya a buscar a tu padre, para que él pueda ver también lo guapo que estás…

Después de decir todo aquello, la mujer salió corriendo en dirección a la habitación de matrimonio, donde estaba su marido. Una vez lo tuvo delante, lo sacudió con fuerza para intentar que se despertase.

– Querido… hay algo raro con Jeff, necesito que tengas el arma lista porque… – se detuvo de golpe al ver que su hijo estaba en el umbral de la puerta, con el cuchillo de cocina.

– Mamá es una gran mentirosa. – susurró esto último antes de abalanzarse sobre ellos y apuñalarlos repetidas veces.

El hermano de Jeff, Liu se despertó con todo aquel revuelo. Al principio pensó que alguien había entrado a robar, por lo que se asustó automáticamente. Después todo se quedó en silencio, y el muchacho terminó por creer que todo había sido fruto de su imaginación, por lo que volvió a cerrar los ojos para intentar dormir.

No supo por qué, pero cuando estaba a punto de verse derrotado por el sueño, sintió que había alguien mirándole fijamente, por lo que abrió los ojos una vez más.

Miró hacia arriba, y antes de poder articular palabra alguna, Jeff le cubrió la boca con una de sus manos. Lentamente levantó el cuchillo de cocina y lo clavó en su hermano.

Liu luchó y se revolvió durante unos largos segundos, pero no había nada que hacer.

– Shhh… – susurró Jeff. – sigue durmiendo.

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Creepypasta de Jeff the killer

¿Qué te ha parecido este creepypasta? ¿crees que la horrible historia de Jeff the killer puede tener algo de real? Nunca sabremos que fue exactamente lo que volvió loco a Jeff, nunca podremos obtener una respuesta clara al porqué se convirtió en un asesino sediento de sangre. Sólo nos podemos imaginar a una fuerza oscura apoderándose de su mente, todo ello sumado al acoso sufrido resultó en una historia de terror difícil de olvidar.

Actualmente el creepypasta de Jeff the killer es uno de los mas populares y conocidos de internet. Miles de personas buscan información sobre su origen a diario, y comparten dibujos e historias inspiradas en este personaje de terror. Incluso se han realizado animes de Jeff the killer, y muchos usuarios de internet incluso han intentado disfrazarse de él.

Y tú, ¿Qué opinas? ¿crees que un sujeto como Jeff podría andar suelto?

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